Verde que te quiero verde!
Día intenso y lleno de vida.
Aprendemos a sembrar, a diferenciar semillas, a querer y cuidar a las plantas, a ser responsables, siéndolo!
Gracias Juan Carlos, por la actividad! 🌱❤️
El jueves 16 de mayo nos fuimos de viaje a la época de Al-Andalus....estuvimos en la Alcazaba de Almería y allí conocimos un poco más de su historia y de la de nuestra ciudad...Fue un viaje en el tiempo que seguro no olvidamos....
GRACIAS en mayúsculas, Julio, por todo lo que nos has aportado, por tus risas, por tu implicación con los niños/as de 4º, por tu alegría, por tu colaboración con el profesorado, por tu forma de ser tan espontánea y tan llena de vitalidad....GRACIAS....te echaremos mucho de menos....
Fue una dama romana del siglo I a.C. perteneciente a la gens Aurelia. Fue admirada en la Antigüedad por la esmerada educación que impartió a su hijo Julio César, por lo que podemos decir que fue una de las primeras maestras de la historia.
Es muy poco lo que sabemos de la extraordinaria mujer que debió de ser Aurelia, la madre de Cayo Julio César. Nacida en una familia consular, hija de Aurelio Cota y emparentada con Publio Rutilio Rufo, Aurelia fue considerada como una de las bellezas más prominentes de su tiempo. Tuvo muchos pretendientes, pero finalmente contrajo matrimonio con Cayo Julio César, un hombre enfermizo que sólo llegó a ocupar el cargo de pretor y que le dio a Aurelia dos hijas y un hijo, el futuro dictador César.
La muerte del esposo y la relación familiar que les unía a Cayo Mario, hizo que Aurelia sufriera grandes calamidades durante la dictadura de Sila. Parece ser que tuvo que trasladarse a la Subura, el barrio más humilde de Roma, en una de cuyas insulae crió a sus hijos. Cuando Sila decretó la muerte del joven César por negarse al divorcio de la hija de Cinna, fue Aurelia la que suplicó al dictador por la vida de su hijo, logrando salvarle la vida. Parece ser que, siguiendo el ejemplo de su admirada Cornelia, madre de los Graco, Aurelia influyó de forma decisiva en la educación de su hijo, marcando su ambición y su carácter.
Ante las continuas ausencias de César debido a sus compromisos militares y políticos, fue Aurelia la que crió a su nieta Julia, que posteriormente se casaría con Pompeyo el Grande.
Uno de los últimos acontecimientos políticos en los que Aurelia se vio envuelta tuvo lugar cuando, durante las celebraciones de la fiesta de la Bona Dea, que ella misma dirigía, una de sus esclavas descubrió al díscolo Publio Clodio intentando penetrar en la casa disfrazado de mujer. Aurelia ordenó su expulsión inmediata y dio su testimonio ante los jueces que posteriormente llevaron la causa contra Clodio.
Gala Placidia nació en Constantinopla, fruto del segundo matrimonio del emperador Teodosio. Fue, por tanto, medio hermana de los futuros emperadores Honorio y Arcadio, y jugó un importante papel en las intrigas que se desarrollaron en estos últimos tiempos del Imperio Romano. Desde muy joven quedó bajo los cuidados de Estlicón y su esposa Serena, que planeaban utilizar a Gala Placidia para unir su estirpe con la casa imperial. Sin embargo, un acontecimiento cambió por completo la vida de Gala Placidia: fue secuestrada por los visigodos de Alarico poco antes de que éstos se lanzaran al saco de Roma.
Los visigodos utilizaron a Gala Placidia para dar prestigio a su linaje y emparentarse con los herederos de Teodosio. La joven se casó con el sucesor de Alarico, su cuñado Ataúlfo. Gala Placidia viajó con él por Europa, pero al ser éste herido de muerte, ordenó que la joven fuera devuelta a Roma. Una vez allí, su hermano, el emperador Honorio, obligó a Gala a casarse con el general Flavio Constancio. Las sospechas de que Gala Placidia podía estar conspirando contra el emperador a favor de los visigodos, la llevaron a partir al exilio junto con sus hijos, buscando refugio en la corte de Constantinopla. La suerte quiso que tras la muerte de Honorio fuera un hijo de Gala Placidia, Valentiniano, el que accediera al trono, logrando su madre ocupar el cargo de regente y alcanzando así la cúspide de su poder. En estas circunstancias, y con los rumores de que Atila se acercaba a Roma comandando sus huestes, falleció Gala Placidia, una de las mujeres más poderosas e influyentes de todo el Bajo Imperio.
El personaje de Lucrecia pertenece más al mito que a la historia, pero su influencia fue fundamental en la construcción del modelo de la matrona romana. Siglos después de su supuesta muerte, todas las mujeres de Roma tenían en mente a este personaje a la hora de medir sus comportamientos en un mundo machista dominado por los hombres. Por otro lado, la muerte de Lucrecia fue el desencadenante de la revolución que acabó con la monarquía en Roma y dio paso al sistema político de la República.
Según diversos autores, Lucrecia vivió en los tiempos de Tarquinio el Soberbio, el último rey de Roma. La joven contrajo matrimonio con Tarquinio Colatino, un miembro de la familia real, y la pareja era conocida por su virtud y su buen entendimiento. Una noche, estando en medio de una campaña militar, Tarquinio Colatino y su primo Sexto Tarquinio, el hijo del rey, apostaron cuál de sus mujeres era más virtuosa. Para comprobar con los hechos lo que no podían demostrar con palabras, cabalgaron hacia Roma en mitad de la noche e hicieron una visita sorpresa a sus esposas. Mientras Lucrecia tejía la lana en compañía de las sirvientas, la mujer de Sexto Tarquinio fue sorprendida en fiestas y banquetes con sus amigos. Además de perder la apuesta, el hijo del rey sintió nacer una gran pasión por la virtuosa Lucrecia, por lo que al día siguiente, mientras Tarquinio Colatino permanecía en el campamento, él regresó a Roma y violó a la joven.
Lucrecia, sintiéndose deshonrada, hizo llamar a su esposo y a algunos de sus amigos. Después de narrarles lo que había ocurrido, sacó un puñal y se dio muerte, pues no era capaz de vivir sintiéndose ultrajada. Tarquinio Colatino y sus amigos, entre los que se encontraba Lucio Junio Bruto, juraron vengar a la joven y expulsar a la dinastía reinante de Roma.
Colatino y Bruto, al mando del resto de la aristocracia romana, lograron expulsar a Tarquinio el Soberbio y su familia de Roma, decretando que nadie en la Urbe volvería a detentar el título de rey jamás.
Aunque no es estrictamente una mujer romana, Cleopatra fue uno de los personajes que influyó de forma más decisiva en la historia de Roma. Su intervención fue decisiva en el juego político que acabó con la República romana y dio paso al Imperio.
Hija del polémico Ptolomeo Auletes, heredó el trono junto con su hermano pequeño en un momento en el que el reino de Egipto era ya la única potencia helenística independiente del Mediterráneo frente al avance de Roma. El joven Ptolomeo, aconsejado por sus hombres de confianza, apartó a Cleopatra del trono, y la reina tuvo que escapar de Alejandría para salvar la vida. Fue en ese momento cuando llegó a Egipto Julio César, persiguiendo a Pompeyo tras haberle derrotado en Farsalia. Pese a que Ptolomeo entregó a César la cabeza de Pompeyo para tratar de congraciarse con él, éste decidió que el joven debía gobernar junto a su hermana.
Los hombres de Ptolomeo no lo aceptaron y atacaron a las tropas de César, que los derrotaron en una batalla en la que cayó el propio faraón. Quedó de este modo Cleopatra como única soberana de Egipto. La reina inició entonces una relación con César, que antes de partir la dejó encinta del que sería el único hijo varón del dictador, Cesarión.
Tras el asesinato de César y la derrota de sus asesinos en Filipos, el poder quedó repartido entre Marco Antonio y Octaviano, el futuro Augusto. A Marco Antonio le correspondió el gobierno de la parte oriental del Imperio, y esto cruzó su destino con el de Cleopatra. La reina ayudó a Antonio en una serie de campañas contra los partos y en algún momento de los meses que pasaron juntos iniciaron una relación. Antonio tuvo varios hijos con Cleopatra, a pesar de estar casado con Octavia, la hermana de su socio Octaviano. La relación entre ambos políticos fue deteriorándose hasta el punto de hacerse insostenible y estallar una nueva guerra civil. Los ejércitos de Antonio y Octaviano se encontraron en Accio, donde éste fue derrotado a pesar de contar con los refuerzos enviados por Cleopatra. La reina y Marco Antonio se refugiaron en Alejandría, pero cuando las tropas de Octaviano asediaron la ciudad, ambos decidieron suicidarse. Antonio murió según la usanza de los generales romanos, arrojándose sobre su espada, mientras Cleopatra se hizo picar por una serpiente.
Con su muerte, Cleopatra se evitó la humillación de que Octaviano la hiciera desfilar en su triunfo ante la plebe de Roma. Cleopatra VII fue la última monarca helenística que se opuso a la expansión romana. Con ella terminó toda una época que había empezado cuatro siglos atrás con Alejandro el Grande.